No soy periodista ni tengo formación alguna al respecto. Es por eso que siempre va bien tener referentes a mano por si hay que decidir y la intuición no me llega. Así que he comenzado mi búsqueda de referentes y he decidido comenzar por un tipo, Salvador Sostres, que cuanto menos podríamos decir que es muy polémico. He pensado, "pues si es polémico, será que tendrá algo que decir" y me he lanzado a analizar su estilo.
Mariano, el mudo
¡Hay que ver qué problemas tenemos con los mudos! Cuántas veces nos ha pasado que, al vernos ante un mudo y con la intención de hacernos entender, comenzamos a gritar separando mucho las sílabas "QUE COOO-MO ES-TAAAS, HOOOO-LA". No sé, es como si de esa manera, gritando las sílabas con energía y la boca muy abierta, pudiera sobrevenirles a ellos de repente la capacidad de hablar. Y no, no es que sean sordos, es que son mudos. Es lo mismo que nos pasa con los que no hablan nuestra lengua, al gritar pausadamente cada una de las sílabas con energía creemos producir un efecto de traducción simultánea congrutanés-español, español-congrutanés. No lo podemos evitar, a pesar de que algún enteradillo nos recuerde, "que no, que no es sordo, es que es de Congrután", y, volviéndose al congrutanés, le dice, "PER-DOOOO-NA, EEEES QUE PEN-SAAAA-BA QUE TUUU E-RAAAAAS SOOOOOR-DO" -enteradillo de las narices.
El extraño caso de Gemma Santacana
Los médicos no se ponen de acuerdo y ya son muchos los que
han buscado causas, sintomatología y remedios. Los galenos también han removido en el
cuerpo y la mente de la pobre Gemma con pruebas de diversa índole, repitiendo
unas y ampliando otras. Analíticas completas y otras completísimas,
psicoanálisis, acupuntura, análisis por la imagen, homeopatía e hipnosis, cataplasmas
y emplastos, aliviadores del espíritu y sanadores del alma, todo, se ha probado
todo, pero con escasos o nulos resultados. El caso de Gemma Santacana está
poniendo a prueba a toda la profesión médica y nadie parece ser capaz de dar con
la solución a sus males.
El terrible duelo entre De Guindos y Schäuble
Santiago es una ciudad húmeda, pero muy clara y liviana cuando
hace bueno. El lunes 30 de abril, quiero imaginarme la ciudad recortada sobre
el azul intenso que aparece en el cielo los días soleados de primavera. También
me imagino al ministro De Guindos recibiendo a su homónimo alemán, el señor
Schäuble. Los saludos cordiales, las muestras de reconocimiento y una cierta
familiaridad necesaria para que la imagen sea bien recogida por los fotógrafos.
La imagen es importante, sobre todo cuando el visitante es quien es. Mercados,
bancos y agencias de calificación tomarán buena nota. Al pueblo... al pueblo
cualquier cosa ya les va bien, al fin y al cabo nada de esto les importa
demasiado.
Sobre el asesinato del diputado Gómez
Si alguien dijera que el asesino del diputado
Gómez Gómez es un bobo o un necio profundo, faltaría a la verdad. Ahora bien, si dijéramos
que es un tipo con escasas luces, quizás no andaríamos muy desencaminados. El
matiz es importante, porque su acto fue la consecuencia de un impulso súbito que alguien más sensato y racional hubiera corregido a tiempo, aunque no sería
justo decir que fue simplemente el resultado de una estupidez. Es mi opinión y cierto
es que no le conozco en absoluto, pero también es verdad que los hechos
ocurrieron justo delante de mí, a escasos dos metros de la mesa en la que yo bebía
mi cerveza. Otro dato a tener en cuenta es que, por lo que han contado los periódicos, Fernando Expósito no abrió la boca durante las
tres horas de interrogatorio ante el juez, excepto para decir una sola vez que había matado
al diputado por reírse. Creo que sus palabras textuales fueron, "se ha reído,
él se ha reído", y, desde entonces, no ha vuelto a decir ni pío. Desde
luego, muy locuaz y brillante no debe ser Fernando Expósito –por cierto, todos los periódicos se han referido a él como F.E., pero cuando mencionaron al diputado asesinado no le llamaron G.G.; en fin, debe ser cosa de la deontología periodística.


