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Cabreados e indignados, pero nunca vencidos

Perséfone me escribió un comentario en el último post que publiqué y, al leerla, me di cuenta de que valía la pena hacer un alto y recordar que el desánimo nunca ha de poder con nosotros. El cabreo aumenta a medida en que aumentan los despropósitos, las necedades y las mentiras, pero el cabreo y la indignación no pueden hacer olvidarnos de nuestras razones y del horizonte al que llegaremos, más tarde o más temprano. Así que pongámosle un poco de alegría a todo esto y, si tenéis a alguien al lado, subid el volumen y a bailaaaaaaar.





Justicia y legalidad

He empezado pensando que lo deseable es que la justicia y la legalidad coincidan. Incluso utilizamos ambos términos como sinónimos en muchas ocasiones, pero es evidente que no lo son, porque cuando reclamamos justicia y nos enfrentamos al sistema político acusándolo de injusto ponemos en evidencia este desencaje. Quiero justicia, un sistema político y económico más justo, una vida más digna, pero la legalidad que me han impuesto no me gusta, me incomoda y la acuso de injusta. ¿A dónde me lleva esta realidad? Pues a un punto muy esencial: el derecho a la disidencia, la protesta y la desobediencia civil, si llega el caso. A partir de esto he intentado ordenar mi pensamiento.

El movimiento 15M hoy

Graffiti fotografiado en Zaragoza
Confieso que a los ojos de muchos puedo resultar algo inconsciente o demasiado optimista, incluso las dos cosas, pero asumo esa perspectiva voluntariamente y no me importa que me acusen de ello. El caso es que después de ocho meses del inicio de las movilizaciones del movimiento 15M y dos meses después de las elecciones generales, noto, de una manera más o menos explícita, cierto desencanto por parte de los simpatizantes del 15M y cierto sentimiento de triunfo por parte de sus detractores. Tiempo es de valorar en su justa medida hasta dónde ha llegado este movimiento y si valió –o vale- la pena tanto esfuerzo. Mi respuesta –al declararme inconsciente y optimista- no puede ser otra que sí, valió la pena, y mucho.

Indignados o de cómo superar las mentiras de la dialéctica

Vayamos directamente al asunto y simplifiquemos lo obvio: primero, el lenguaje posibilita el pensamiento, pero a la vez lo ordena, lo estructura, le da forma (pensar es componer un discurso); segundo, pensamos la realidad desde esas estructuras lingüísticas que vamos incorporando en el proceso de socialización y desde el mismo momento en que recibimos las primeras caricias (socializarse es pensar en el idioma al que pertenecemos); tercero, la realidad toma forma y se hace inteligible gracias al lenguaje, es decir, gracias al orden que hemos incorporado hasta que nos hacemos adultos (al socializarnos hacemos inteligible o pensable la realidad, al tiempo que le damos un valor). Podríamos, pero no discutiremos ahora estas tesis. Dicho esto, me atrevo con una intuición (aquí aceptaré todas las críticas que se me puedan hacer sobre si esta intuición surge desde mi pensamiento socializado, pero preferiría enunciarla primero). A ello voy: estructuramos la realidad social de una forma dialéctica hasta recortar y limitar nuestro pensamiento y su proyección en la realidad, aniquilando así la multiplicidad y la pluralidad posible. Dicho de otro modo: se nos hace imposible pensar en todo aquello que no encaja en una estructura dialéctica de la realidad social (realidad social que se podría simplificar en: nosotros y ellos).

Habermas y la desobediencia civil

Mi amigo, el profesor de filosofía, me ha enviado un correo muy interesante. Al menos, él sabía que a mí me iba a interesar y yo he picado el anzuelo. De todas formas, creo que a él le hubiera gustado poder decir lo que yo afirmo sin tapujos, pero por pudor o por no desgastar una imagen absurda de escéptico irreductible, no se atreve a defenderlo abiertamente.

El caso es que hace unos días comenzamos a hablar del concepto de desobediencia civil en relación al movimiento 15M. Que si sí, que si no, que si es posible, que si no es tan fácil... Yo, por supuesto en el sí. Él que no estaba tan claro, aunque deseando que yo insistiera en mi ceguera. Al final, me prometió que pensaría en el tema y que ya me diría algo. Él, muy puritano y ortodoxo en sus cosas filosóficas, se ha encargado de buscar algún fundamento con, al menos, un cierto tufo intelectual, como si así el concepto o el horizonte adquiriera más consistencia. Es lo que tiene ser profesor de filosofía, siempre buscando el acomodo y el respaldo de la autoridad. Y algo ha encontrado.

Mi amigo el profesor de filosofía

Tengo un amigo. Es profesor, de filosofía. Pero, a pesar de todo, es un buen amigo. De vez en cuando charlamos. Bueno, más bien yo le hablo y él se ríe de mí. Porque es profesor y de filosofía, claro. Yo le explico mis inquietudes, mis sueños y mis desvelos, y él siempre me escucha con una sonrisa que intenta ser amable, pero que a veces me sabe a condescendiente. Utiliza la ironía y se esconde detrás de un escepticismo muy cómodo. Yo se lo digo y él nunca me lo niega, y quizás por eso aún me resulta más difícil de aceptar en él. Al fin y al cabo, es mi amigo. Cuando le explico mis sueños y mis metas, al final siempre me dice que a él también le gustaría bailar en el aire, pero que más tarde o más temprano siempre nos tenemos que enfrentar a la ley de la gravedad.

Irresponsable, manipulador y arrogante: Felip Puig

Lamentable y clamorosa irresponsabilidad. Lamentable porque ha sido un espectáculo indigno de un gobierno democrático contra ciudadanos con voz pero sin piedras, contra ciudadanos que tan sólo han cometido la terrible imprudencia de demandar más democracia. Clamoroso porque pone en evidencia los intereses de, al menos, algunos politicos que prefieren acallar la voz libre de los ciudadanos poniendo en riesgo grave su integridad física. Dicho de otra manera, un acto de irresponsabilidad que sólo tiene una puerta de salida: DIMISIÓN.

Mi adhesión a ¡Democracia Real YA!

Sólo dos líneas para aquellos que sin querer o queriendo hayan llegado hasta aquí. Si es así, vale la pena un paseo por la página web de ¡Democracia Real YA! Mi adhesión humilde para los que quieren voz.

http://www.democraciarealya.es

Para los descreídos y críticos desinformados: vale la pena perder unos minutos para leer cuáles son las propuestas en las que están trabajando y reflexionar sobre si realmente no estamos de acuerdo en la necesidad de desear una democracia más cercana a las personas y alejada de la connivencia con el poder económico.

Propuestas de la plataforma ¡Democracia Real Ya!

De plazas y otras incomprensiones

No es posible. Aún no me lo creo, pero he oído decir a un político que esta protesta (la de los jóvenes, la del 15M) está poniendo en evidencia, quizás, que la clase política se blinda a sí misma y corremos el peligro de convertirnos en casta. De verdad que aún no me lo creo porque, dicho de esta manera, parece que en realidad no sean una "casta", parece que aún haya esperanzas de restituir el sentido original de la democracia, de devolvérsela a sus verdaderos dueños: los individuos, o las personas, o... (a veces, me cuesta horrores no utilizar términos como pueblo o popular, por aquello de la apropiación indebida que han hecho algunos de estos términos).

Jóvenes y democracia

Y la protesta continua. Felicidades. Para que se callen de una vez los que desde los púlpitos anuncian la desafección de los jóvenes hacia la política. Que se callen porque ahora ya está claro que no es la política la causa del desafecto, sino esa política, esa que les ha encumbrado a un lugar que quizás ya no les corresponde. Felicidades porque hay poco que perder y mucho que ganar. Felicidades porque son los políticos y sus voceras en los medios de comunicación los que no entienden nada y siguen creyendo que esto no es más que una travesura de unos cuantos jóvenes aburridos y sin futuro. Pero se equivocan en todo, sobre todo cuando afirman que no tenéis futuro. Claro que igual lo dicen porque ellos temen empezar a ser pasado... y eso debe doler.

Inauguración o sobre una nueva democracia

Inauguramos este blog y, como no podría ser de otra manera, lo hago manifestando mi admiración y mi adhesión al movimiento que, durante estos últimos días, ha congregado a todos aquellos que ya no soportan la hipocresía de la clase política. Pero, además, mi simpatía es más manifiesta o más entusiasta al escuchar que no es un  movimiento contra la política o contra la democracia. Ésta parece ser una protesta contra aquello en que se ha convertido nuestra política y nuestra democracia, contra el acomodo y los privilegios de la clase política.