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Yo también estudié en la pública

Creo que en estos momentos de desánimo y de engaños, de manipulación e insultos, de vampirización y castigo injusto y despiadado, debemos resistir firmes en nuestras convicciones. Y debemos hacerlo por nosotros, desde luego, pero también por todos los que sufrirán las consecuencias en el futuro, por nuestros hijos o nietos, por nuestros vecinos y amigos, por los que viven tan cerca de nosotros y por los que nos son absolutamente desconocidos y ajenos. ¿Qué queremos? Pregunta absurda: defender nuestra dignidad de los vagos y maleantes que comen en restaurantes de cinco tenedores y de los políticos ineptos e irresponsables. ¿Qué tenemos? La conciencia limpia, el pensamiento claro y la voz firme. Aunque esos majaderos chupasangre no se lo crean, doy gracias a los dioses por haber nacido en una familia pobre, por haberme ganado el pan con mi esfuerzo y por haberme encontrado con amigos que me acompañan y no tienen que avergonzarse de nada. ¿Es que esos otros pueden decir lo mismo?

Y como sé lo que quiero y tengo voz, me atrevo con una recomendación que expone de manera clara y rotunda uno de los valores al que no podemos renunciar: la enseñanza pública. Si tenéis tiempo y ganas de escuchar buenos argumentos, pasaos por esta web  www.yoestudieenlapublica.org y uníos en la defensa por la educación pública. Mi amigo, el profesor de filosofía, también me lo agradecerá y yo me sentiré más cómplice en sus desvelos.

Justicia y legalidad

He empezado pensando que lo deseable es que la justicia y la legalidad coincidan. Incluso utilizamos ambos términos como sinónimos en muchas ocasiones, pero es evidente que no lo son, porque cuando reclamamos justicia y nos enfrentamos al sistema político acusándolo de injusto ponemos en evidencia este desencaje. Quiero justicia, un sistema político y económico más justo, una vida más digna, pero la legalidad que me han impuesto no me gusta, me incomoda y la acuso de injusta. ¿A dónde me lleva esta realidad? Pues a un punto muy esencial: el derecho a la disidencia, la protesta y la desobediencia civil, si llega el caso. A partir de esto he intentado ordenar mi pensamiento.

Justicia, política y Bankia

No soy entendida en cuestiones económicas. Como otros muchos en este país, he tenido que aprender a toda prisa el significado de conceptos y términos que el lenguaje económico utiliza para explicar fenómenos como esta crisis. Pero, aún así, soy ciudadana y tengo mi propia opinión sobre cuestiones fundamentales en un estado de derecho. La primera de ellas es el valor la justicia. ¿Y qué tiene que ver esto con Bankia? La respuesta es obvia. Al repasar lo que ha sucedido con Bankia y no sentir una cierta repugnancia hacia los protagonistas de esta situación, sólo puede indicar un grado de insensibilidad cercano al del escarabajo pelotero, pero eso no basta. Además de la sensibilidad, deberíamos preocuparnos por pensar qué grado de responsabilidad civil y penal tienen las personas que han llevado al banco a esta situación. Sobre todo, los directivos y consejeros, sin duda los primeros responsables y entre ellos el señor Rato, pero también aquellos políticos que marcaron las directrices y que casualmente pertenecen al PP.

El terrible duelo entre De Guindos y Schäuble


Santiago es una ciudad húmeda, pero muy clara y liviana cuando hace bueno. El lunes 30 de abril, quiero imaginarme la ciudad recortada sobre el azul intenso que aparece en el cielo los días soleados de primavera. También me imagino al ministro De Guindos recibiendo a su homónimo alemán, el señor Schäuble. Los saludos cordiales, las muestras de reconocimiento y una cierta familiaridad necesaria para que la imagen sea bien recogida por los fotógrafos. La imagen es importante, sobre todo cuando el visitante es quien es. Mercados, bancos y agencias de calificación tomarán buena nota. Al pueblo... al pueblo cualquier cosa ya les va bien, al fin y al cabo nada de esto les importa demasiado.

¿Justicia ciega o justicia interesada?

El caso es que Luis C.O. ha sido condenado a nueve meses de cárcel y a pagar 11.000 euros por los daños causados al arrancarle un brazo a la imagen de Jesús del Gran Poder de Sevilla. Ayer aceptó la condena que el fiscal pidió para él y ya ha pagado buena parte de los 11.000 euros. Nada que decir, yo siempre supongo que las sentencias y las condenas son justas. Y, aunque nadie esté libre del error, nunca podemos suponer el error antes de haberse demostrado, por lo que si el fiscal lo cree justo y Luis C.O. ha aceptado la condena, será porque es lo mejor para él y para la sociedad. Es igual, lo importante aquí es que el fiscal propuso y Luis C.O. aceptó, a pesar de que en el momento de causar la tropelía se reconozca que sufría un "trastorno de ideas delirantes, parafrenia, con rasgos esquizoides y narcisistas, personalidad patológica paranoide y pensamientos psicóticos" -para más información podéis leer la noticia en El Mundo.es en la edición del miércoles 14 de marzo-. Sintetizando: Luis C.O., afectado de trastornos psicológicos importantes en el momento de cometer el pecado -nunca mejor dicho- ha sido condenado a la cárcel y a reponer los daños materiales que causó -y suerte ha tenido que no estamos en tiempos de la Santa Inquisición... ¿o sí estamos, aunque sólo sea la puntita?- Sigamos. Este hecho no me hubiera llamado la atención -no soy creyente y me cae un poco lejos Sevilla como para interesarme por el señor Luis C.O.- si no fuera porque también ayer el Ministro de Justicia, el señor Gallardón, indultó a Josep Maria Servitje, exsecretario general de Trabajo de la Generalitat de Catalunya en tiempos de Jordi Pujol, y a Victor Manuel Lorenzo, empresario. Ambos eran militantes de UDC y fueron condenados por "robar" más de 46.000 euros de las arcas públicas con facturas falsas -para más información podéis consultar El Confidencial en su edición del 15 de marzo-. "Curiosa coincidencia temporal", he pensado.

Reforma laboral y mentiras

Se han dicho algunas -hasta es posible que muchas- mentiras a la luz de la última reforma laboral que ha aprobado recientemente el gobierno del PP. Algunas de estas falacias han estado subscritas y reafirmadas por otras gobiernos de derechas, como es el caso del gobierno catalán. Pero para mí que lo único que ponen de relieve estas mentiras es que o bien nuestros gobernantes tienen una gran desfachatez y no sienten ningún rubor en contradecir descaradamente a  la realidad, o bien es que viven en un mundo absolutamente ficticio y apartado de la cotidianidad de la calle.

Urdangarín y la República

La verdad es que para una republicana, si Urdangarín hace o ha dejado de hacer, no debería cambiar nada en sus convicciones. Sin embargo, he visto y oído cómo algunas personas, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, proclamaban a los cuatro vientos las virtudes de la República contraponiéndolas a las acciones de muy dudosa corrección ética -y supuestamente delictivas- que ha demostrado el señor Urdangarín. Pero si tenemos que denostar al señor Urdangarín -y créanme que tengo ganas-, no será porque sea monárquico o yerno de un rey. Además, no creo que sea ni necesario ni acertado hacer comparaciones entre la supuesta pureza del sistema republicano y la perversión del sistema monárquico.

Los problemas de la educación

Se ha abierto por enésima vez el debate sobre la educación. Sin duda, algo habrá que arreglar cuando la búsqueda de soluciones ya se hace recurrente y, además, siempre volvemos sobre los mismos temas sin encontrar una propuesta definitiva. Pero yo creo que nos hemos olvidado de una cuestión fundamental que nadie pone sobre la mesa. Cuando nos preguntamos por los factores del fracaso escolar tan elevado en España, o cuando nos interesamos por la falta de interés de nuestros escolares, o cuando cantamos los beneficios de la llamada cultura del esfuerzo, nunca nos ponemos en la piel de los jóvenes y no tenemos ni idea de por qué abandonan tan rápido sus estudios o por qué no les interesan un pimiento ni la cultura ni los beneficios de una formación especializada. Bueno, algunos intelectuales y especialistas sí dicen ponerse en su piel, pero no es cierto del todo porque, sencillamente, no aciertan. Yo no sé si acertaré, pero al menos sí que he escuchado a algunos de nuestros jóvenes y, muy a mi pesar, hasta les entiendo.

Jorgejavieres, anarrosas, bazofias y otros campos.

Hace tiempo que quería decir algo al respecto, pero nunca encontraba el momento. Ayer, por motivos que no explicaré, estuve como un cuarto de hora viendo el programa Sálvame. No suelo y, seré sincera, me repugna. Aún así, aguanté un cuarto de hora. También es cierto que no era la primera vez, pero siempre que he aguantado unos minutos viéndolo, indefectiblemente pienso en qué insultos le podría aplicar a semejante bodrio televisivo.

La justicia no es un juguete

Todos sabemos que el sistema judicial es uno de los pilares del estado de derecho. La justicia -su objetividad e imparcialidad- es un elemento clave para asegurar la dignidad y proteger los intereses democráticos de los ciudadanos de un país. En la actualidad, en el Estado Español, vivimos un momento especialmente convulso en el ámbito de la justicia. Desde mi punto de vista, en estos días se está poniendo a examen minucioso el sistema judicial. Eso es bueno. Nada de lo que concierne al estado de derecho puede escapar al análisis y la crítica constante. Pero debemos intentar ser ecuánimes y repartir bien las culpas cuando el sistema no funciona, porque nos equivocaremos, y mucho, si pensamos que la responsabilidad recae exclusivamente en los jueces o, al menos, en algunos jueces.

El movimiento 15M hoy

Graffiti fotografiado en Zaragoza
Confieso que a los ojos de muchos puedo resultar algo inconsciente o demasiado optimista, incluso las dos cosas, pero asumo esa perspectiva voluntariamente y no me importa que me acusen de ello. El caso es que después de ocho meses del inicio de las movilizaciones del movimiento 15M y dos meses después de las elecciones generales, noto, de una manera más o menos explícita, cierto desencanto por parte de los simpatizantes del 15M y cierto sentimiento de triunfo por parte de sus detractores. Tiempo es de valorar en su justa medida hasta dónde ha llegado este movimiento y si valió –o vale- la pena tanto esfuerzo. Mi respuesta –al declararme inconsciente y optimista- no puede ser otra que sí, valió la pena, y mucho.

El valor de "lo público"

En esta sociedad mercantilizada, a veces nos preocupamos excesivamente de lo que no es importante y acabamos por no saber qué es lo que queremos. Hoy en día, nos preocupamos más del precio de las cosas que del valor de las cosas y, de esta manera, al final todas las discusiones acaban por centrarse en los aspectos económicos y nos olvidamos del "valor" –no necesariamente económico- de lo que queremos. Pero quizás deberíamos valorar las cosas –¿Lo necesito? ¿Me hará más feliz? ¿Mejorará o empeorará mi vida?- y después, sólo después, ver cuál es su precio y si estamos dispuestos a asumirlo. Por eso, ésta es la discusión que os propongo hoy: valoremos "lo público" –o si queréis, "la cosa pública"- y después, sólo después, veamos hasta dónde estamos dispuestos a asumirlo económicamente.

Economía, ciencia y mentiras (V): Tomar la palabra

Caminar, para la humanidad, significa descubrir el camino, construirlo a medida que avanzamos, desbrozar poco a poco el terreno que vamos pisando para poder seguir. Pero, ¿hacia dónde? Pues no sabemos. No hay ciencia humana que pueda anticipar qué será de nosotros en el futuro. Podemos predecir, con más o menos dificultad, qué será del universo físico, pero la paradoja es que somos incapaces de vislumbrar qué será de nosotros pasado mañana. Ni la sociología, ni la política, ni la economía han sido capaces hasta el momento de demostrar que puedan prever nada de lo que se nos avecina. Quizás ésta es la mejor demostración de nuestras limitaciones: ni somos dioses, ni somos inmortales y ni siquiera somos capaces de entender cómo sucumbiremos.

Amaiur, PP y PSOE

No soy vasca, no soy nacionalista y no me mueve ningún interés partidista, por lo que, por favor, que nadie interprete lo que no es. Hablo de Amaiur como podría hablar de cualquier otro partido político. Dejando esto bien sentado, afirmo que no hay duda de que la decisión que impide a Amaiur formar grupo parlamentario es estrictamente política. No puede haber duda. Y no me vengan con argumentos jurídicos o con normas que son discutibles e interpretables, no pongan absurdas excusas y digan las cosas por su nombre.

Insumisión fiscal, incompetencia o necesidad

Mi amigo, el profesor de filosofía, está que trina. Se acaba de enterar de que los funcionarios en Catalunya no cobrarán la paga extra puntualmente como cada año. Dice que el gobierno de CiU ha anunciado que es posible que una parte la cobren después de Navidad y el resto Dios dirá. Cuando he hablado con él, no estaba para bromas ni reflexiones pausadas. He querido tranquilizarle y le he dicho que, al fin y al cabo, él era funcionario y que otros lo estaban pasando mucho peor, pero se me ha molestado un poco y me ha contestado que cuando los demás cobraban horas extras y beneficios y aumentos del veinte por ciento porque todo iba viento en popa, él se tenía que contentar con aumentos anuales del dos por ciento en el mejor de los casos. Y sin coche oficial ni dietas para hoteles ni cestas navideñas. "Además -ha rematado- si alguien desea ser funcionario lo tiene fácil, sólo tiene que conseguir la titulación adecuada y prepararse para aprobar las oposiciones correspondientes, exactamente igual que yo". Y me he callado. Pero la reflexión que ha seguido después, aún ha sido más contundente.